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Una excursión por el Paseo Arqueológico en una foto de los años 30. Los árboles que se plantaron en 1917 se ven muy lozanos.

La milla I de la Vía Apia. Al fondo el llamado Arco de Druso y la Puerta de San Sebastián en una foto de los años 40.

El llamado Arco de Druso en una foto de principios del siglo XX.

La Puerta de San Sebastián y el tramo de extramuros de la Vía Apia en una foto de finales del siglo XIX, cuando llegó a la vía la iluminación pública.

La Puerta de San Sebastián y la milla I de la Vía Apia en una foto aérea de 1933. |
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En el 312 a.C. el censor Apio Claudio Caecus (el ciego) mandó construir la calle que luego tomaría su nombre y que se convertiría en la más antigua y prestigiosa de las vías romanas. Esta vía tenía como intención unir la Urbs con el sur de Italia para que los ejércitos romanos pudieran zarpar a la conquista de Sicilia, del Norte de África y del Mediterráneo oriental. El primer trazado unía Roma con Capua (132 millas), luego, hacia el 268 a.C., la vía se prolongó hasta Benevento. En el 190 a.C. la calle se alargó más aún hasta llegar Venosa, más tarde a Tarento y por último a Brindisi. A comienzos del siglo II el emperador Trajano construyó la Apia Trajana que constituía un nuevo recorrido desde Benevento al Adriático. A mediados del mismo siglo se construyó el arco triunfal llamado Druso, pero que probablemente está dedicado a Lucio Vero. Entre el 212 y el 217, Caracalla colocó sobre el Arco de Druso el acueducto que suministraba agua a las nuevas termas. Entre el 272 y el 274, el emperador Aureliano interrumpió la Vía Apia un poco más allá del arco, construyendo el muro que lleva su nombre. Desde el principio de su historia la vía se adornó con monumentos de todo tipo - templos, altares, arcos honoríficos y, sobre todo, tumbas, tanto de familias ricas como de gente común, y luego también, con los primeros cristianos, se excavaron allí algunas de las más famosas catacumbas - todos estos monumentos contribuyeron a crear una imagen inconfundible de la que los antiguos romanos llamaban regina viarum. Aún en el 535, el historiador Procopio, que la recorrió, resaltaba su buen estado de conservación, con el empedrado bien pulido y encastrado. Más tarde se instalaron en la zona algunas colonias agrícolas que dependían en muchos casos de los monasterios; a las que siguieron las familias nobles que transformaron algunos monumentos en fortalezas. El carácter agrícola de la zona fue siempre preponderante lo que hizo que la propiedad fuese compartida por muchas personas. El comienzo de la Vía Apia se encontraba justo después de la parte este del Circo Máximo, en el cruce entre el Monte Celio, la Puerta Capena y la antigua puerta de las Murallas servianas, que daban el nombre a la primera región de augusta, y que indicaban el inicio de la vía en el punto en el que las murallas bajaban del Monte Celio para subir al Monte Aventino. No hay restos monumentales pero precisamente está señalado al principio del Paseo Arqueológico, por el lado que limita con el Celio. Fuera de la puerta se sitúa, según la tradición, la fuente de las Camenas, sede de la ninfa Egeria, relacionada con Numa y con el culto a Fortuna, y un altar dedicado a Fortuna Redux, en un lugar que tenía una cierta relación con las ceremonias de profectio y adventus de los generales. Junto a la puerta tenía lugar la ceremonia del la salutatio de los cónsules que partían y se encontraba el Mutatorium, lugar en el que se colocaba la toga y se tomaba el paludamentum. |